Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSS
Tomo 3 ❦ Capítulo IV: 6
6. Los problemas de la estética en las obras de Marx y Engels.
Las bases de la estética científica marxista las encontramos en Manuscritos económico-filosóficos de 1844, Contribución a le crítica de la economía política y El Capital, de Marx, en el Anti-Dühring de Engels y en otras obras y en la correspondencia de los fundadores del marxismo. Marx y Engels demostraron que la aparición y el desarrollo del arte, lo mismo que de las demás formas de la conciencia social, están condicionados, en última instancia, por el desarrollo económico-social de la sociedad. A este punto de vista se atienen para resolver los más complejos problemas de la ciencia estética, que hasta entonces habían sido considerados como enigmas indescifrables. Un brillante ejemplo de esta solución, nueva por los principios que la inspiraban, de los problemas estéticos es el análisis que Engels hace de las raíces históricas del arte del Renacimiento en Italia, cuyo esplendor iba orgánicamente unido al desarrollo del sistema capitalista, que destruía el viejo modo de vida feudal y de las trabas que éste oponía al desenvolvimiento del individuo. [258]
El materialismo histórico nos dice que las emociones estéticas no son biológicamente innatas, sino que ostentan un carácter social; se han desarrollado históricamente, a lo largo de milenios. La aparición de las emociones estéticas va unida históricamente a la separación del hombre del mundo animal gracias al trabajo.
En el curso del proceso histórico de desarrollo del trabajo humano, aparecieron y se ensancharon los sentimientos estéticos del individuo, relacionados íntimamente con el desarrollo de su conciencia y con el conocimiento de la realidad que le circundaba, que él iba modificando conscientemente de conformidad con sus fines en el proceso del trabajo. Premisa necesaria e inicial para poder reflejar la realidad en imágenes artísticas fue el perfeccionamiento de la mano, la cual, como órgano del trabajo, a lo largo de una prolongada evolución histórica, llegó a tal grado de perfección que, como dice Engels, pudo, como por arte de magia, crear los cuadros de Rafael, las estatuas de Thorwaldsen y la música de Paganini.
A la vez que sus obras, el artista crea al público que comprende el arte y es capaz de gozar de la belleza. Crea, según la expresión, de Marx, “no sólo el objeto para el sujeto, sino también el sujeto para el objeto”.66
Apoyándose en la concepción materialista de la ideología, Marx y Engels pusieron de relieve el carácter clasista del arte en la sociedad de clases y las leyes específicas a que el desenvolvimiento del arte se halla sujeto en estas condiciones históricas. Según hacían ver, en determinados períodos de desarrollo de las formaciones político-sociales antagónicas, el incremento de las fuerzas productivas alcanzado por la esclavización de los trabajadores no significa que también el arte experimente un ascenso. El nivel de desarrollo del arte en su conjunto y de sus distintas manifestaciones, nos dice Marx, no coincide con el nivel de desarrollo de la economía de la sociedad.
Este fenómeno se debe a que el grado a que el arte llega no viene determinado directamente por el nivel de las fuerzas productivas, sino por las características de las relaciones sociales engendradas por el desarrollo de la producción social, que en unos casos propician el progreso del arte y en otros ejercen sobre él una influencia negativa.
En la Introducción a su Contribución a la crítica de la economía política señala Marx, por ejemplo, que el florecimiento del arte griego se debía en buena parte a la peculiar visión de la naturaleza y de las relaciones sociales que le servía de base. Subraya Marx que la mitología era el arsenal del arte antiguo. De ahí que la existencia del arte de la antigua Grecia, y ante todo de su epopeya, se viese limitado por el marco de su época histórica; este arte no pudo existir en épocas históricas posteriores, cuando el desarrollo de las fuerzas productivas se hizo, a la vez, el desarrollo del dominio real del hombre sobre determinadas fuerzas de la naturaleza.
“La premisa del arte griego –escribía Marx– es la mitología griega, es decir, la naturaleza y las propias formas sociales modeladas por la fantasía popular en forma artística aunque sin tener conciencia de ello. éste es su material. Pero no sirve cualquier mitología, es decir, cualquier modelado artístico no consciente de la naturaleza (por naturaleza se entiende aquí todo lo objetivo, y por consiguiente también la sociedad). La mitología egipcia no habría podido nunca ser terreno o seno materno del arte griego. Mas, en todo caso, es una mitología. Por consiguiente, no se trata en modo alguno de un desarrollo de la sociedad que excluye toda actitud mitológica hacia la naturaleza, toda la mitología de la naturaleza, que, por lo tanto, exige al artista una fantasía independiente de la mitología.”67
A la vez que indaga las características históricas del desarrollo del arte en las distintas épocas, Marx subraya particularmente la importancia y necesidad del análisis de lo que las grandes obras de arte tienen de imperecedero. Así, indicaba, el arte de la antigua Grecia posee un encanto eterno, por cuanto en él se recoge de la manera más completa la verdad sencilla de la infancia de la humanidad y es una fase irrepetible en el desarrollo de la sociedad humana.
El modo capitalista de producción significa un nivel más alto de desarrollo social que el esclavista y cl feudal. Pero al mismo tiempo, indica Marx, “la producción capitalista es hostil a ciertas ramas de la producción espiritual, por ejemplo, al arte y a la poesía”.68 Una de las causas de este fenómeno la veían los fundadores del marxismo en la circunstancia de que el modo capitalista de producción estimula únicamente la actividad espiritual que participa en la creación de plusvalía.
“La burguesía ha despojado de su aureola a todas las profesiones que hasta ahora se tenían por venerables y dignas de piadoso respeto. Al médico, al jurista, al sacerdote, al poeta y al sabio los ha convertido en sus servidores asalariados”69
Los avances del arte son inseparables del progreso social, de la lucha de las masas populares contra las relaciones sociales caducas. Así, el poderoso impulso del arte en el Renacimiento lo atribuían los fundadores del marxismo, ante todo, a la lucha de las fuerzas progresivas contra el feudalismo y el oscurantismo de la Iglesia, a la repercusión de esta lucha sobre toda la vida espiritual de la sociedad. Gracias a esto, Europa Occidental entró a fines del siglo XIV y comienzos del XV en el período de una formidable revolución cultural. “... Italia alcanzó un insospechado esplendor de las artes, que era como un reflejo de la antigüedad clásica y que ya nunca volvería a lograrse.”70 En los países más importantes de la Europa de aquel entonces nació una literatura nueva.
En su análisis de las fuentes histórico-sociales del desarrollo de la literatura alemana de fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, Marx y Engels recalcan que su florecimiento se hallaba íntimamente relacionado con la [260] lucha del pueblo alemán contra el régimen feudal y el fraccionamiento medieval del país.
“Cada obra descollante de esta época –decía Engels– está penetrada de un espíritu de reto, de indignación contra toda la sociedad alemana de entonces. Goethe escribió. Götz von Berlichingen, donde en forma dramática se rinde tributo de respeto a la memoria de un rebelde. Schiller escribió Los bandidos, donde canta la nobleza de un joven que declara abiertamente la guerra a la sociedad entera.”71
En aquellas cartas de Marx y Engels en que se habla de alguna producción artística o de determinados problemas de estética se muestra claramente la formidable importancia que el movimiento de emancipación de los trabajadores tiene para el desarrollo del arte. Unicamente gracias a esta lucha de los oprimidos y explotados, el puesto de los reyes y príncipes, que eran los héroes principales en las novelas del pasado, pasan a ocuparlo, cada vez más, los pobres, las clases sojuzgadas. La gran agudización de la lucha de clases en Inglaterra durante los tiempos del cartismo influyó sensiblemente, por ejemplo, en el elevado espíritu crítico que inspira las obras de Dickens, Thackeray y otros escritores, les ayudó a percibir y a llevar a sus novelas las contradicciones y los conflictos típicos de la época.
Una de las características inseparables y determinantes de la producción artística la veían Marx y Engels en la profundidad de sus ideas, en su carácter tendencioso, en el mejor sentido de la palabra. El artista verdadero no puede mantener una actitud desapasionada de contemplación indiferente de la realidad social.
La elevación de las ideas y el progresivo carácter tendencioso son manantial inagotable de los éxitos del artista en su creación. Engels escribía a M. Kautsky el 26 de noviembre de 1885: “El padre de la tragedia, Esquilo, y el padre de la comedia, Aristófanes, eran dos poetas acusadamente tendenciosos, de la misma manera que Dante y Cervantes; y el mérito principal de Perfidia y amor, de Schiller, es que se trata del primer drama alemán tendenciosamente político. Los actuales escritores rusos y noruegos, que escriben novelas excelentes, son todos ellos tendenciosos.”72
Marx y Engels tenían, pues, en muy alta estima el carácter tendencioso del arte avanzado, pero al mismo tiempo ponían en guardia a los escritores contra el enfoque superficial en sus obras de una determinada tendencia. Manifestábanse contra las producciones artísticas en las que la tendencia aparece desnuda, sin que los personajes sean de carne y hueso y sí meros portavoces del espíritu del tiempo. Los fundadores del marxismo pedían a la obra artística la fusión completa de la profundidad de ideas con un contenido histórico consciente y con la vida y la riqueza de acción, tal como se encuentra en Shakespeare. En este sentido ofrecen excepcional interés las cartas de Marx y Engels en las que se emite un juicio crítico acerca de la tragedia de Lassalle Franz von Sickingen. [261]
Engels indicaba que, si bien en esta tragedia los protagonistas representan a clases y tendencias determinadas, que existieron en la historia, dichos personajes no pasan de ser heraldos de ideas, y no figuras artísticas vivas y concretas, puesto que el autor no supo mostrar los móviles directos y concretos de su conducta ni perfilar sus caracteres. A cestos héroes les falta, dice Engels, el elemento realista shakespeariano. Esta circunstancia no se debe sólo a los defectos de Lassalle como dramaturgo, sino también a sus equivocados planteamientos históricos y políticos.
En su crítica de Lassalle, Marx y Engels señalaban que la equivocada concepción idealista del proceso histórico, que no admite el papel decisivo del pueblo en la historia y exagera el papel del individuo, repercute negativamente sobre el contenido y la forma de la tragedia, así como sobre la visión misma de Ja esencia del conflicto trágico.
Contrariamente a Lassalle, que comprendía al modo idealista la naturaleza de lo trágico, tanto en la vida como en el arte, y quiso encarnar en su obra la idea abstracta de lo trágico, considerado como algo fatal de la revolución, Marx y Engels plantean el problema de lo trágico sobre un terreno histórico concreto. Así, por ejemplo, la tragedia de Sickingen la consideran como expresión necesaria de la legítima desaparición de la nobleza, una clase que históricamente había dado de sí cuanto cabía esperar de ella. En T. Münzer ven la tragedia de la prematura acción revolucionaria de las clases progresivas. Así, pues, lo trágico tiene en la historia y el arte un sentido y contenido distintos, en dependencia de las condiciones históricas concretas. En algunas de sus manifestaciones Marx revela el carácter dialéctico de las categorías estéticas, sus transiciones recíprocas, como es el paso de lo trágico a lo cómico, y viceversa. En su crítica de Lassalle, Engels señala que toda obra verdaderamente artística ha de presentar una unidad inseparable de contenido ideológico y de realismo.
En una carta a M. Harkness, de comienzos de abril de 1888, Engels indicaba que el verdadero realismo “presupone, además de la veracidad de los detalles, la veracidad en la reproducción de los caracteres típicos en circunstancias típicas”.73 Cuando este importante principio del arte realista se subestima y no se comprende que el arte ha de reproducir la vida, la realidad en su desarrollo, la imagen que de la realidad se obtenga quedará deformada. Como ejemplo de esta manera de reflejar la vida, Engels cita algunas obras de la escritora Harkness.
Esta, en su novela Una muchacha de la ciudad, presenta a la clase obrera como una masa que sufre pasivamente y que no lucha. Tal visión del proletariado reflejaba en cierta medida la situación real a comienzos del siglo XIX. Pero en los años 80 y 90, cuando Harkness escribía, esto no era, en esencia, realista, puesto que no rebasaba el marco de la falsa representación burguesa acerca del proletariado y del lugar, el papel y' el valor que le correspondía en la sociedad capitalista.
En su crítica de Harkness, Engels subrayaba que la respuesta revolucionaria de la clase obrera a la sociedad capitalista que la oprime y su [262] aspiración a conseguir los derechos humanos que le corresponden son la característica de la historia moderna, y por eso pueden aspirar perfectamente a que se las tenga presentes en el arte realista. Esta tesis de Engels abría nuevos horizontes al desarrollo del arte realista universal, en el que el principal personaje pasaba a ser la clase obrera y la lucha por su emancipación.
Desde estas posiciones de la clase obrera, Marx y Engels argumentan las tesis fundamentales de la nueva teoría estética y someten a crítica los rasgos del arte burgués en que se hace la apología de su régimen: conciliación con la realidad capitalista, reconocimiento del régimen burgués como el estado natural de la sociedad y odio a todo lo revolucionario. Así. al analizar Los misterios de París, de Eugenio Sue, aun viendo sus méritos en cuanto a la crítica de las penosas condiciones en que los trabajadores viven bajo el capitalismo, Marx y Engels indican que el autor parte del falso principio de que las relaciones capitalistas se desprenden de la naturaleza misma del hombre.
En su crítica de los poetas del denominado socialismo “verdadero” (pequeñoburgués), Engels señala que la esencia ideológica de sus obras se reduce a la prédica de la posibilidad de una “armonía” entre los opresores y los oprimidos dentro del régimen capitalista, a la idea de la “humanización” del capitalismo. La poesía de la pequeña burguesía, que se acomoda a las condiciones de existencia del capitalismo, descansa, según decía Engels, “en la infantil ilusión del poderío de los Rothschild, en la total incomprensión de los nexos de este poderío con las relaciones existentes, en el profundo error acerca de los medios que los Rothschild han de emplear para convertirse en una fuerza y seguir siéndolo”.74
Marx y Engels desenmascararon las ideas de Proudhon, según el cual la lucha revolucionaria del proletariado, por su misma esencia, “no es estética” y no puede, por esta razón, entrar en el terreno del arte. El movimiento de los proletarios por su emancipación, afirmaban ellos, crea un nuevo ideal estético, que encarna en sí la auténtica belleza del trabajo humano, que educa en los hombres un espíritu de verdadero humanismo en sus relaciones y denuncia la hipocresía y la mentira que el mundo burgués rezuma.
El arte proletario, enseñaba Marx y Engels, está llamado a representar verazmente las relaciones reales de la sociedad capitalista, a dispersar las ilusiones sobre la naturaleza de las mismas, a “quebrantar el optimismo del mundo burgués” y a refutar la mentira de que las bases en que éste se asienta son inmutables y eternas.
El examen de la obra de los grandes escritores y artistas del pasado lleva a Marx y Engels a descubrir en sus producciones el reflejo de determinados aspectos esenciales de la realidad histórica concreta. El valor de una obra de arte, indicaban, no viene determinado tanto por los propósitos subjetivos del autor como por el contenido objetivo que en ella existe. Un brillante ejemplo de investigación de una obra artística con un criterio histórico concreto es el análisis que Engels hace de la Orestíada [263] de Esquilo en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. La significación histórica de esta tragedia, nos muestra, reside en que en ella tenemos un reflejo artístico de aspectos trascendentales de una época en que el patriarcado triunfaba a consecuencia de los avances de la propiedad privada y del Estado. Un reflejo de algunos aspectos esenciales de la realidad lo veía también Engels en las alboradas, o canciones de amor que se entonan al rayar el día. La distinta visión que del matrimonio tienen el catolicismo y el protestantismo queda recogida en las novelas francesas y alemanas del pasado siglo. En la gran creación del genio nacional ruso que es El cantar de las huestes de Igor (siglo XII) veía Marx justamente un reflejo de la tendencia de los rusos a unirse contra los conquistadores extranjeros. El gran poeta florentino, Dante, era para Engels el último poeta del medievo y el primero de la Edad Moderna,75 pues en su obra se hacía eco del hundimiento histórico de la vieja sociedad feudal y del nacimiento de la nueva sociedad capitalista. Marx, que tenía en gran estima a Cervantes, veía en el Quijote “la epopeya de la caballería que se extingue, cuyas virtudes, en el mundo de la burguesía recién aparecido, se habían convertido en extravagancias y eran objeto de burla”.76
Marx y Engels pusieron de manifiesto el carácter contradictorio de la obra de algunos grandes escritores europeos, determinado por las contradicciones de las condiciones históricas concretas en que se desenvolvió su vida. Tal contradicción la encuentran, por ejemplo, en la obra del gran poeta alemán Goethe, el análisis de la producción del cual, realizado desde el punto de vista del materialismo dialéctico, enfrenta Engels a los superficiales razonamientos idealistas del “verdadero socialista” Grün, también alemán.
Mientras que Grün veía en Goethe únicamente al filisteo, al funcionario, y velaba todo lo que en él hay de grande, Engels muestra el doble criterio que Goethe sustenta acerca de la sociedad alemana de su tiempo, cosa que se refleja en sus obras. Por una parte, esta sociedad le desagradaba por su limitación y torpeza, y trataba de huir de ella; por otra, se inclinaba a conciliarse con ella y a defender las bases sobre las que se erigía frente al peligro del movimiento revolucionario. En Goethe, dice Engels, “hay una lucha constante entre el poeta genial, que se sentía repelido por la indigencia del medio que le rodeaba, y el prudente hijo del patricio de Francfort, honorable consejero secreto de Weimar, que se ve obligado a pactar un armisticio con esa indigencia y a acomodarse a ella”. Goethe, prosigue, “es ya de una grandeza colosal, ya mezquino”, unas veces es un genio y otras un filisteo. “. ..Goethe fue incapaz de vencer a la indigencia alemana; al contrario, ésta le vence a él...”77
Otro ejemplo de verdadero espíritu científico en el examen y juicio de una gran figura de las letras es el estudio que Engels hace del novelista francés del siglo XIX Honorato de Balzac. “... Balzac –escribía a [264] M. Harkness en abril de 1888– era legitimista por sus ideas políticas. Su gran obra es una interminable elegía por la irremediable desintegración de la alta sociedad; sus simpatías están con la clase condenada a desaparecer. Mas con todo y con eso, su sátira no es nunca tan mordaz ni su ironía tan amarga como cuando hace actuar a aquellas personas con las que justamente simpatizaba más: los aristócratas y las aristócratas. De los únicos de quienes habla con abierta admiración es de sus más rabiosos enemigos políticos...”78
La causa de que Balzac, a pesar de su legitimismo, se viese obligado a mostrar las lacras de los aristócratas, la encuentra Engels en el realismo del escritor, en su método artístico, que exigía un reflejo veraz de la realidad. En las condiciones históricas de Francia en aquel entonces, el contenido de la obra realista de Balzac entra en contradicción con sus convicciones monárquicas y legitimistas. Así se explica su clara visión de que la nobleza, históricamente, estaba condenada a desaparecer y que lo expusiese así con un impresionante vigor realista. No eran las ideas legitimistas, sino el método artístico realista de Balzac –relacionado con los rasgos progresivos de sus concepciones–, que entraba en contradicción con el legitimismo, lo que le ayudó a crear sus obras maestras.
Marx y Engels, hombres de una cultura universal, expusieron muchos pensamientos profundos y gran número de certeros juicios sobre diversos poetas y artistas del pasado como, entre muchos otros, Homero, Rafael, Shakespeare y Rembrandt. Los fundadores del marxismo manifestaron vivo interés por la literatura rusa. Conocían a Pushkin, Saltikov-Schedrín, Chernishevski y otros grandes escritores rusos, de los que emitieron los juicios más lisonjeros, y subrayaron el gran papel del pensamiento social avanzado ruso y de su literatura.
La animadversión que Marx y Engels muestran hacia los representantes del romanticismo reaccionario, del seudoclasicismo y del naturalismo venía impuesta por su lucha contra la ideología reaccionaria de las clases caducas y por la verdad y el realismo en el arte.
Las concepciones de Marx y Engels sobre los problemas del arte y la literatura demuestran que únicamente aplicando el materialismo dialéctico e histórico a la comprensión del proceso de la creación artística se puede llegar a crear una estética verdaderamente científica.
{66} Manuscritos de C. Marx. Introducción (Manuscritos económicos de 1857-1858). C. Marx y F. Engels, Obras completas, t. 12, pág. 718.
{67} Manuscritos de C. Marx. Introducción (Manuscritos económicos de 1857-1858), C. Marx y F. Engels, Obras completas, ed. rusa, t. 12, pág. 737.
{68} C. Marx, Teorías de la plusvalía (t. IV de “El Capital”), parte I, ed. rusa, Moscú, 1954, pág. 261.
{69} C. Marx y F. Engels, Manifiesto del Partido Comunista. Obras escogidas, ed. esp. cit.. t. I, pág. 25.
{70} F. Engels, Dialéctica de la naturaleza, ed. esp. cit., pág. 3.
{71} F. Engels, La situación en Alemania. C. Marx y F. Engels, Obras completas, ed. rusa, t. 2, pág. 562.
{72} C. Marx y F. Engels, Cartas escogidas, ed. rusa, pág. 395.
{73} C. Marx y F. Engels, Cartas escogidas, ed. rusa, pág. 405.
{74} F. Engels, El socialismo alemán en verso y prosa. C. Marx y F. Engels, Obras completas, ed. rusa, t. 4, págs. 208-209.
{75} Véase: C. Marx y F. Engels, Manifiesto del Partido Comunista. F. Engels, Prefacio a la edición italiana de 1893, ed. rusa, Moscú, 1958, pág. 29.
{76} P. Lalargue, Recuerdos sobre Marx, ed. rusa, Moscú, 1958, pág. 9.
{77} F. Engels, El socialismo alemán en verso y prosa. C. Marx y F. Engels, Obras completas, ed. rusa, t. 4, pág. 233.
{78} C. Marx y F. Engels, Cartas escogidas, ed. rusa, pág. 406.